Todos somos marca España

Hace unos días un amigo me envío un email emocionante. Era breve, apenas una línea: “En los meandros de la vida, todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. Les reconozco que a estas alturas de la vida es bien complicado sorprenderme. El ego hace tiempo lo tengo domesticado y, la verdad, la frase me llevó a pensar un tema que hace años pasea por mi cabeza.

Gracias a mis viajes he tenido la suerte de conocer gente con CV’s no ya buenos, muy buenos, sino brillantes, excepcionales. Emiratos Árabes Unidos no sólo es una excepción sino bien al contrario, es un país donde cada vez que leo un CV, en muchas ocasiones vía Linkedin, constato esa realidad. Desde hace años aquí hay españoles no sólo bien colocados, sino con una excepcional posición profesional. Lo que para un colectivo como el inglés es un cementerio de elefantes, ya saben, uno al final de su carrera a lo futbolista va a ganar dinero y esforzarse poco, se ha convertido para un buen número de españoles en un magnífico trampolín para nuevos retos.

Da rabia que ese excepcional trabajo no sea, ya no diré publicitado, sino simplemente reconocido por las instancias españolas en el área. Todos tenemos en mente las Embajadas o los Institutos de Comercio. Yo la verdad que he hecho poco uso de ellos, y no seré quien los critique. Creo saber para qué valen y para qué no. No abuso de su uso, y me limito a informarles, a veces, de mi actividad. Entiendo que los cuerpos consulares no deben ser las niñeras de los españoles por el mundo. No es su función. Aunque también creo que en muchas ocasiones pierden una oportunidad de establecer patrones comunes con sus nacionales.

En España siempre hemos hablado de talento. Ahora tenemos ese talento desplegado por medio mundo, ysería un buen momento para que ese talento fuera agrupado de alguna forma conexa para ofrecer un valor añadido a cualquier nuevo aventurero. A mi, que no soy nadie en esta galaxia de la comunicación, me preguntan a diario por mi opinión sobre Emiratos. Me piden consejos, y con mis limitaciones doy respuestas satisfactorias –no conozco ni pretendo conocer todos los vericuetos del país-. Imaginen si esos talentos desperdigados por el mundo pudieran dedicar esos minutos diarios o semanales a asesorar a otros.

Creo no equivocarme, no es una cuestión económica. Creo más es una cuestión de cariño y reconocimiento. Y en eso las embajadas u otros órganos nacionales no leen el mensaje. Pecan de la soberbia de pensar exclusivamente en su labor, muy laboriosa aunque algunos no lo crean, y olvidan que su primer deber es ante todo no solo representar al país, sino también dar ese cariño a todo aquel que pueda colaborar en eso que tanto nos gusta ahora decir que es la marca España.

La marca España no es un embajador, un cónsul o un representante comercial. Quien ha gestionado, o en mi caso, lanzado marcas a nivel mundial desde cero sabe o debería saber que las marcas son siempre la suma de unidades. A veces unidades minúsculas, pero siempre necesarias. Suman ese directivo, ese camarero, ese emigrante, esa selección o hasta ese conductor de formula I. Y para sumar tan importante como los medios económicos es el cariño en hacernos a todos partícipes de ese acontecimiento.

Hay miles de maneras de mostrar ese cariño y potenciar esa marca España. Pero todos pasan por algo tan elemental como hablar y conocerse. Creo, además, que Emiratos es una punta magnífica para ser un modelo en esta novedosa ubicación de los talentos de España por el mundo. De verdad, es bueno que unos y otros no se encierren en su sola existencia. Uno puede hacer mucho solo, pero muchos unidos pueden hacer lo que uno jamás ha pensado. Los meandros ofrecen el giro a los ríos, pero sin la fuerza del agua no serían ya necesarios sino simplemente no existirían. Ahora es tiempo de cooperación, es tiempo de colaboración. El fin vale la pena. La marca España vale la pena.

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