Respetando nos respetarán

Estos días he asistido a un funeral en el norte de España. Ya saben esas tierras donde siempre llueve. Ese día el cielo cumplió, llovió sin cesar. Una cabalgata de coches recorrimos los escasos kilómetros entre el tanatorio y la iglesia. Por suerte, hace años, tienen por costumbre velar los muertos fuera de las casas. Esa tarde gris, propia del respeto, oscureció sobre la ladera donde yergue una pequeña iglesia del s.XVI

Soy un perfecto ignorante en los lenguajes de la fe. Asisto respetuoso a cualquier acto pero desconozco cualquier mínima liturgia. Recuerdo cuando empecé a trabajar en Emiratos, hace ya muchos años, más de un colega profesional, me preguntaba sorprendido si era musulmán. Les extrañaba que un lugar donde la fe parece mover montañas fuera comandado por un infiel.

Esas sorpresas también fueron internas. Admito me sorprendí la primera vez que vi a un musulmán de mi equipo buscar La Meca con su brújula en un lugar extraño del mundo. También cuando a mi saludo con dos besos a las mujeres ellos respondían estrechando la mano. Siempre he pensado que uno es libre o esclavo de sus actos sean por fe o por ideas. Pero no siempre fue así. También años atrás en una Feria en México a unos recién contratados les dio por extender sus alfombras en medio del Stand para rezar.

De golpe aquel simple acto de fe se convirtió en un espectáculo. Fotógrafos incluidos. Cuando la fe pasa de lo personal a lo público estamos haciendo un mal ejercicio. Aquello nunca más sucedió en mi presencia. Las tradiciones, los actos de fe pueden ser compartidos pero debemos respetar que no sean impuestos. Nadie debe prohibir a un hombre o una mujer ejercer su fe, pero tampoco nadie puede pretender convertir su fe personal en el centro del mundo. La fe pertenece a nuestro interior, solo a nuestro interior.

Por eso, a veces, me choca ver a algunos recién llegados a este país quieran confundir sus ideas con las del país. Muchos no entienden que el respeto a las normas del país es el primer paso para el respeto a tus propias normas. Aunque algunos no lo crean el fin de los humanos es hacer el bien. El camino no siempre es el mismo, pero la esencia, y la base de cualquier paso es ese respeto por las normas y las leyes de donde estemos. Incluso con eso podremos trabajar para cambiarlos en un futuro.

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