¿Por qué tengo frío en la pierna derecha?

Cada vez que llega el invierno tengo frío en mi pierna derecha. Realmente les confieso, más que en la pierna, en la planta del pie. Me cambio calcetines a diario y no hay manera. Algún año de esos de viajes constantes hasta me he comprado calcetines ex profeso pensando en una solución rápida. Aunque sorprenda lo recuerdo en la bucólica Bagneres de Luchon, en la ventosa Chicago o en la congelada Beijing. Aquí regateando con cara de satisfacción unos miserables céntimos.

Pero peor aún. Pueden abrir mi maletín del Mac. Allí, escondido entre cables y discos duros de seguridad, encontrarán siempre un par de calcetines limpios. También en el cajón de mi mesa del despacho, o en cualquier rincón de mi casa. Peor aún en esa maleta de ruedas aparcada en mi habitación. Lección de Clooney en su película ‘Up in the Air’. Obligada para el viajero práctico e incansable en sus viajes, breves o largos, por cualquier país del mundo. Cómo no, un par también debajo del sofá. Cualquier lugar es bueno para esconder esos amigos protectores del invierno. Listos ante mi primer síntoma de frío.

Este invierno, pero, quiero dar un cambio a mi vida. Quiero llevar a mis calcetines a un reto más duro. Enfrentarse a su función con crudeza. Supongo deberé comprar unos nuevos y gordos. Pero he decidido combatir el frío sin miedo. Abandonaré mi lugar cómodo que diría el manual. Traicionaré mi templado Mediterráneo, o mi norte en la península, donde he pasado la mayoría de mis fines de año. Y me trasladaré al frío de los valles del Este de Europa para empezar el año. Supongo pasear, chillar, beber a 5-10 bajo cero será una experiencia diferente. Tanto para mi como para mis pies, y mis calcetines.

Al final con los años he pensado que quizás mi pierna nunca ha tenido frío. Sino algo más fácil. Mi pierna, mi pie, ha asumido mi miedo al cambio de tiempo, al cambio de temperatura. Y los miedos no se superan escondiéndose, protegiéndolos con calcetines, sino saliendo a conocerlos. Cuando uno vive con los miedos de otros se da cuenta que no son tan negativos. Aquellos que vamos por primera vez al frío en fin de año tenemos la misma sensación que aquellos que vienen por primera vez a Emiratos. Llevamos nuestros calcetines a cualquier lado, los escondemos en lugares inhóspitos y hasta ridículos por pánico a lo desconocido.

Todo es más simple. No es malo tener frío en la pierna derecha cuando llega el frío. Lo malo sólo es huir del frío. Quizás tengamos que abrigarnos, quizás debamos llevar calcetines más gruesos de los previstos. Pero cuando uno se lanza a una aventura como la vida, que mejor que conocer y sentir el calor del verano, o el frío del invierno. Si estamos satisfechos con lo que hacemos sabrá igual de bien mi vodka a 10 bajo cero en una plaza nevada, que su mojito en un bar de Dubai. Al final los dos son sensaciones perfectas y únicas.

A los viejos por Emiratos, y a los nuevos por Emiratos, déjense llevar por las sensaciones. Olvídense si hace calor o hace frío. Disfruten de este momento. Piensen que hace 100 años, 50 años, lo suyo no sería una aventura, sería simplemente un imposible. Igual que mi viaje al Este hace apenas 30 años sería un suicidio. Simplemente por eso me hace ilusión. La vida se mueve. Se mueve muy deprisa, y no hay momento para la queja. Lleven sus calcetines sin pudor, si un día tienen frío en su pie cójalo, cámbielo y póngaselo. Eso sí, nunca olviden ir al frío para encarar la realidad. El día a día de la vida.

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