No nos equivoquemos de Drone

 

Empezamos una nueva sección mensual. Los que escribimos siempre queremos explicar cosas novedosas. Aquí no vamos a ser diferentes. Aunque vamos a intentar simplificar la lectura en vez de complicarla con sesudos análisis. Iremos más camino de explicar situaciones y ofrecerles herramientas para su propio análisis. Queremos que usted, el lector, sea el gran protagonista. Les daremos herramientas para pensar. A veces seremos un plato dulce, otras amargo, pero siempre un plato donde comer. Le sugerimos, pues, digerir con pausa estas lineas del texto con los ojos cerrados para poder saborearlas más intensamente.

Y para empezar vámonos a esa palabra tan manida que hace unos años estaba sólo en boca de expertos, el Drone. Para muchos un Drone es un simple juguete volador. Una máquina de transporte de ciencia ficción. A lo más un artefacto usado en guerras lejanas. No están equivocados en todas esas afirmaciones. Pero los Drones, en su concepto, son algo más. El Drone es la puerta de un gran cambio en las dinámicas territoriales y sociales que difícilmente tiene parangón en los últimos siglos.

El concepto clave es que un Drone lleva de un punto a otro punto determinado un objeto. Recordemos de un punto a otro punto, más científico de unas coordenadas a otras coordenadas. Algo quizás sencillo, pero clave en su desarrollo. Obviamente a mayor Drone mayor posible objeto a transportar. A mas potencia mas distancia desde el punto de partida. Y como primera gran pregunta ¿donde esta el limite del tamaño a transportar y la distancia a recorrer? Esa respuesta es la clave en el futuro de los Drone.

Los movimientos durante el 2014 de las grandes corporaciones nacidas en la red así lo atestiguan. Google adquirió el fabricante de Drones Titan Aerospace por $60 millones. Facebook la compañía británica de Drones Solares Ascenta por $20 millones. Amazon prepara con fuerza su proyecto Prime Air. Y hasta una empresa que podríamos llamar como tradicional, la empresa de mensajería DHL, experimenta sus primeras actividades en el Mar de Wadden en Alemania.

¿Pero alguien cree de verdad que el fin de los Drones es enviar simples paquetes de un punto a otro? Imaginemos, por un momento, un mundo sin reglamentaciones o leyes, la gran traba del cambio al que estamos asistiendo. Descubriremos por ejemplo que un Drone tiene actualmente la capacidad de ir de un punto a otro mediante simples coordenadas. Un Drone tiene la capacidad de cargar gran cantidad de peso. Un Drone puede mantenerse activo días, semanas y años en una situación podríamos decir estacionaria. Un Drone tiene la capacidad de volar a cualquier distancia. Un Drone no entiende las fronteras. Un Drone tiene la tecnología “sense and avoid” a mano, es decir permite detectar objetos y evitar colisiones. En definitiva, un Drone puede volar solo, sin piloto físico al mando, con total garantía.

Volvamos pues a la pregunta ¿alguien tiene duda que el fin de los Drones será simplemente transportar paquetitos, por muy importantes que estos sean?. Alguien cree que en los laboratorios de Google, Facebook o Amazon están pendientes de un aspecto tan menor. El concepto envío punto a punto del Drone es su clave. Es su gran valor añadido, su aplicación y desarrollo es simplemente dinero. Y sí algo tienen todas estas empresas es precisamente dinero para implementarlo.

Recordemos algo básico. Las empresas deben crear valor añadido con sus ideas. El esfuerzo, los recursos, cuanto menos debe ser igual o superior al resto de competidores. Pero ese esfuerzo, ojo de cualquier calibre, esta ahora a su disposición. Podemos decirlo sin miedo a equivocarnos no asistimos a un juego de Drones para llevar ese paquete ridículo, sino a una carrera por ser el primero en transportar dentro de ese artilugio llamado Drone a personas. La humanidad nos tiene acostumbrados a esas carreras. Allá por mediados del s. XX fue la Luna, ahora es más simple es la Tierra. Competidores con los mismos conceptos donde sólo el valor añadido de las ideas marcará su diferencia, y como no su éxito.

¿Dudan? Cierren los ojos. Entren en su Drone imaginario. Cojan su tableta. Bajen su App. Díganle una coordenada donde ir, y su Drone le llevará. ¡Ese es el futuro!. Por cierto, más presente de los que algunos creen. Pero, todavía, un futuro con dificultades en su implementación. Curiosamente no tanto por el artilugio, problemas menores, sino por temas legales. ¿Que gobierno permitirá volar sobre sus cielos Drones sin control efectivo?. ¿Para que servirán las fronteras?. ¿Habrá un real libre comercio?. Un reto importante donde no sólo la tecnología, sino también el territorio, debe estar presente, muy presente.

Por eso, más allá sí los tamaños de los Drones se adecuan al transporte de personas y una permanencia estable en el cielo habrá que pensar también en otros temas más sociales. Por ejemplo, ¿Cuál será el límite de los días en “el aire”?. ¿Podremos un día ir a Paris, volar a Milan y pasar la noche sobre Roma?. ¿Y porque no así a diario?. ¿Qué implicaciones tendrá en el territorio esa movilidad? El Drone tiene la capacidad actual para abrir ese debate y más. Quizás por ello estemos asistiendo a la carrera más apasionante de la historia de la humanidad, y quizás no nos demos cuenta hasta que estemos dentro. Tan dentro que sea difícil pensar en el escenario donde estamos inmersos.

Pensemos también ya en los nuevos retos de esta carrera cuando sea masiva: zonas sobre saturadas de Drones, inestabilidad territorial, grandes movimientos personas, parkings de artilugios, y quizás como mensaje más sorprendente, algo básico, que aún no está solucionado: ¿cómo leches nos bajamos de un Drone?. Al final hemos de analizar todo, pero los grandes avances dependen de cosas que parecen muy menores, realmente muy menores, pero son claves.

Carles Enric Lopez

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