La Vida es Bella

Este mes he tenido la suerte de ver dos grandes películas italianas premiadas con un Oscar. Tengo una profesión muy ligada a la cultura. Pero soy de los que admito sin pudor, que de cine sólo sé si me gusta o no me gusta. Y en todo caso, algunas veces, me gusta sí me hace pensar o reflexionar. Además, soy incapaz de reconocer una obra de arte o una escena gloriosa en la pantalla.

Hace unas semanas con los niños sentados en el sofá de casa vimos ‘La vida es Bella’ -en la imagen superior-. Apasionante retrato de un momento histórico único en Europa. Como bien dice el título aprendes que a pesar de todo la vida es bella. Cuando la ves miras con ignorancia a aquellos que hoy en día se quejan. También a aquellos otros que lloran por sus supuestas desgracias, tipo vivir en otro país. Al final te das cuenta que lo nuestro son necedades al lado de los grandes problemas habidos a lo largo de la historia. Somos unos privilegiados pero nos quejamos como auténticos pobres solemnes de memoria.

Mi ciclo italiano siguió hace unos días. Mi pareja me invito al cine para ver ‘La grande bellezza’. Entre nosotros pensé “un coñazo de película italiana”. Para más inri en la versión original con subtítulos – mi italiano no es limitado, es cero -. Les confieso que preparé mi cerebro para adaptarme a la oscuridad de la sala. Pensaba dedicar una hora larga al sueño. Piernas estiradas, ojos cerrados, bien calentito bajo un “plumón verde” de esos que ya no se llevan. Tengo la virtud, ciertamente ahora sé que no es una virtud, de poder descansar en cualquier rincón.

Sí Roberto Benigni mostró la ilusión por vivir, Paolo Sorrentino enseñó la decadencia de gestionar mal una vida bella. Tremendo el retrato de una Roma en decadencia. Personajes superficiales. Vidas destinadas simplemente a pasar días. Vidas a vivir del pasado. Vidas pensadas como un accidente. Un mal camino recto y monótono de paso por el mundo. Curiosamente algo también muy visible simplemente al levantar la cabeza en nuestros países.

La vida es bella, pero debemos gestionarla con acierto para hacerla más bella. La superficialidad, las cosas previsibles, la monotonía, hasta la queja y la crítica punitiva pueden convertir esa belleza en decadencia. Y la decadencia es lo peor de la humanidad. Por eso, con todas las cosas positivas de este país y cómo no de esta vida, cada vez que me paseo por algunas conversaciones de grupos de Facebook u otros foros de expatriados en Emiratos veo ejemplos que me sonrojan.

Entiendo que algunos no compartan la forma de vida de este país, yo hay muchas cosas que no me gustan, pero debo respetarlas. También puedo entender que algunos vengan pensando en el Dorado, y luego encuentren mas un “Bronceado”. La verdad cada persona es un mundo. No es lo mismo venir con una familia que preparar una aventura de juventud. No es lo mismo tener 40 años que tener 20 años. Pero ante todo no es lo mismo vivir una vida bella que pensar que la vida es bella.

Y una cosa es muy clara. La Decadencia comienza cuando uno se da cuenta que está en un lugar donde no sólo no progresa, no avanza, sino incluso no es feliz. A estas personas creo deberían conocer nuevos lugares. El mundo, por suerte, no se acaba en los Emiratos. Al resto de personas las invitaría a ver ambas películas si aún no las han visto. Ya les comenté que de cine sé poco, de cine italiano menos. Pero estas obras me han hecho pensar y sobre todo pasar un momento agradable. Y la vida es bella porque podemos sumar momentos agradables, momentos tristes, momentos de gloria o momentos de dolor. Muchos momentos. Y no olviden, un solo camino o un solo pensamiento es el camino de la Decadencia.

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