La extinta primavera árabe

Supongo que alguno de los lectores ya debía estar por los Emiratos Árabes hacia principios del 2011. Unos meses antes había estallado la denominada primavera árabe en Túnez. Como es bien sabido luego se extendió como un reguero por la mayoría de países del Norte de África y Oriente Medio. Recuerdo que en aquellos tiempos algunos criticamos ferozmente la parsimonia de Estados Unidos, pero sobre todo de Europa. Dudaron y no tomaron partido por los primeros revolucionarios, simples jóvenes sin ideología.

Explicamos en aquellos momentos que la duda sólo servía para fortalecer a los extremistas. Y así ha sido. El nacimiento del ISIS bien puede explicarse por la inacción de los países occidentales durante estos años. Tanta pasividad ha provocado la irrupción de movimientos extremos violentos que han hecho de la guerra, el terror y la violencia su principal estandarte. Ahora de la primavera árabe queda ya bien poco. Pero aún estamos a tiempo de reducir al máximo los extremistas.

En ese sentido la noticia filtrada hace unos días por el New York Times de la participación de la aviación de Emiratos Árabes Unidos en unos ataques quirúrgicos –ya saben una expresión dura pero necesaria– en Libia podemos abrazarla como interesante. Los países árabes, digamos moderados, son los primeros interesados en eliminar cualquier aumento de la exposición de los grupos radicales como el ISIS. Libia es actualmente el país más explosivo de la zona, después de Siria, y cualquier germen del ISIS debe ser extirpado sin las dudas del 2011.

A estas alturas de la vida no seré yo quien entienda, y menos defienda, un buen número de posiciones de Gobiernos como el de EAU, Qatar, Kuwait o Arabia Saudita. Pero sí creo que todos ellos son o deberían ser conscientes –alguno creo no lo es– que los extremismos –sean religiosos o políticos– nunca son el mejor camino del progreso. Los europeos, y en general los occidentales. entendemos el progreso y los valores de una forma diferente a los árabes, pero bien es cierto que el fin de ninguno de los dos es el terror y el miedo. Podemos estar en muchos puntos en desacuerdo, pero acciones quirúrgicas como las de Libia no sólo son necesarias sino que suponen el primer paso en nuevos actos para un futuro mejor.

Con la vista hacia atrás podemos decir que la “primavera árabe” fue un fracaso. No tanto en el fondo, muy loable, como en las formas, abandonadas a la suerte del destino. Pero fueron un primer paso de un largo camino. Más motivo aún para recuperar ese fondo. Y por eso aún estamos a tiempo que no se extienda un “otoño” o peor aun un “invierno árabe” como el del territorio ISIS por toda la región. Y si eso pasa por confirmar y apoyar sin rubor noticias como las del New York Times, adelante.

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