El gran dilema del s.XXI

Vamos a ser rotundos. Vamos a ser directos este mes. Hablamos, escuchamos, oímos voces sobre denominar esta época como la más tecnológica de la historia. Y la verdad mienten, les mentimos. Toda época ha dado saltos cercanos a la excelencia sobre la anterior. La humanidad ha evolucionado que diría cualquier teórico. Este proceso de salto tecnológico no es nuevo, siempre ha existido. La gran diferencia en nuestra época es otra. Es algo más complejo. Son las políticas fiscales asfixiantes. Estas no sólo contraen el crecimiento sino que ponen en peligro el progreso de la tecnología por primera vez en la historia de la humanidad.

Seamos sinceros es imposible hablar, o incluso pensar, un actividad económica potente y exitosa en el s.XXI sin mirar las políticas fiscales del lugar donde se producen. Los puertos de donde partían los barcos en el s.XVI son ahora los despachos de los ministerios en nuestro siglo. Cuando el espacio ha sido aniquilado, los hombres han reforzado sus propias limitaciones. No hay empresa viable en países intervenidos por el afán recaudador de sus políticas. Tristemente con una parte de Europa a la cabeza.

¿Alguien medianamente informado cree que compañías como Google, Microsoft o Facebook podrían haber nacido en la antigua Europa? Más aún, ¿alguien cree que hubieran sobrevivido en su etapa inicial con los tipos impositivos exclusivamente de países europeos o incluso americanos? ¿Alguien cree que compañías puras ecommerce como Amazon, Ebay o Alibaba podrían competir en un mundo con fronteras y aduanas totalmente selladas al estilo de algunos países de Sudámerica, Centroamérica, África o Asia? Imaginen miles de paquetes parados en cada aduana de cada país del mundo. Piensen los miles de tramites y papeles para pasar un simple paquete de España a Francia como sucedía hace años.

La tecnología siempre ha evolucionado pero sólo el hombre la puede parar. Y no porque en Europa, u otras zonas tengan menos impulso, o sean menos inteligentes. Simplemente porque hay zonas del mundo que no disponen del microcosmos legal y fiscal para desarrollar nuevas actividades. El mundo es global, las políticas cada vez más locales. Hablar hoy en día de negocios en la red es hablar ante todo de como gestionar su política fiscal. Los paraísos fiscales son a veces las únicas estratagemas para sobrevivir al magnicidio del estado contra la tecnología.

El Estado de concepto es conservador. Mantiene unas estructuras constantes y requiere poco movimiento. Por contra la tecnología es disruptiva. Rompe con lo pasado. Necesita de nuevos escenarios para avanzar día a día. Al Estado curiosamente no le interesa tanto movimiento. No le interesan nuevos lugares. El Estado cree que inmóvil los recursos se crearán por generación espontanea, y se equivoca cerrando ese espacio a nuevas aportaciones. Explicar una empresa tecnológica en profundidad hoy es explicar un Estado fiscal. Nadie puede entender Google por citar un ejemplo con sólo sus libros en España o Francia.

Podemos hablar de ideas, de tecnología, de grandes proyectos pero al final deberemos ceñirnos siempre al lugar de la política. Y no la política en minúsculas, sino la gran política impositiva. La política fiscal que obliga a dedicar grandes esfuerzos en no sólo proteger a la empresa, sino ante todo en poder dotarla de medios y recursos para crecer. Por eso. El s.XXI no es tanto el siglo de la tecnología, como algunos creen, sino sobretodo el siglo de la fiscalidad, el siglo del Estado como bloqueador del progreso. El Estado como enemigo de la tecnología.

Todo ello nos lleva a una pregunta clave. ¿Son necesarios tantos recursos para mantener una estructura de estado en el s.XXI?. ¿Es necesario sangrar a una ciudadanía y a sus empresas?. ¿Es coherente que una persona, por ejemplo un futbolista, deba pagar un 50% o más de sus ingresos para financiar el Estado?. ¿Son las estructuras de estado flexibles como la propia economía?. Y más importante aún, ¿debe ir por delante la estructura de estado a la consolidación de nuevas economías?. ¿Debe matar el estado a la tecnología para creer que sobrevivirá?

Es obvio que los impuestos son los recursos necesarios para mantener una estructura de estado. Históricamente tienen su origen en el propio origen del estado. Aunque bien es cierto que durante muchos siglos su recaudación era más por recursos externos, guerras y conquistas territoriales, que por la aportación directa de los propios ciudadanos. Cuando las grandes guerras se acabaron se estructuro una nueva forma de financiar el Estado. Las capacidad destructiva del hombre en las dos guerras mundiales confirmo que ese camino ya no era posible para la obtención de recursos. Los recursos ya no podían generarse del exterior, sino debían ligarse desde el interior de un Estado.

Desde ese momento el acierto de cada legislación ha sustituido al motor natural de la humanidad. ¿Alguien cree que cualquier paraíso fiscal vive realmente de sus recursos naturales o su alta tecnología? ¿Alguien ha visto empresas punteras en países como Andorra o las Seychelles?. Sólo algunos países “creen” haber entendido esa “nueva tecnología” de atracción de conocimiento en base a la fiscalidad. Podríamos citar Irlanda como más claro exponente en Europa.

Pero … la pregunta del millón va en esa línea. ¿Sólo una fiscalidad más baja, o peor, su antecesor en el mercado mundial, un salario más bajo justifica una reubicación de una actividad?. Está claro que en industrias tradicionales, incluso una tan ligada al crecimiento del s.XX como la automoción sería un si casi rotundo. Pero, ¿y en las industrias más tecnológicas con un supuesto valor añadido?, ¿industriás donde debe existir un tejido no sólo económico sino también de conocimiento?. Pues creemos que también. Y ese es el error de algunos patrones actuales

Alguien duda que si mañana en un país estable de Europa o Asia un gobierno bajara al mínimo su fiscalidad, sus impuestos. ¿No sería un nuevo polo de atracción?, y ¿si lo hiciera el país vecino?. ¿Casi 200 modelos diferentes de atracción es coherente? ¿Un mundo global puede permitir tal disparidad?. Es más. ¿Los centros de gestión pueden estar asociados a sueldos bajos? O ¿sólo los centros de producción?. Habrá suficientes centros de gestión en el mundo. ¿Será necesaria tanta producción en los próximos años?. ¿Habrá oferta suficiente de puestos de trabajo?, o¿el trabajo será un bien escaso que disputarán los países?. Y en eso la clave vuelve a ser la tecnología. Sí esa tecnología que el Estado mata.

Las oferta de trabajo tenderán a reducirse, por lo que las entidades que regulan el mercado, los estados, deberán ofrecer las mejores condiciones, que no siempre las más impositivas, para poner a disposición de las compañías los mejores lugares donde ofrecer sus trabajos. Y la empresa como la economía productiva es egoísta de concepto. No nos engañemos. Primará aquel lugar donde los impuestos directos, aquellos que se aplican sobre una manifestación inmediata de la capacidad económica, como la posesión de un patrimonio y la obtención de una renta, sean inferiores a los impuestos indirectos

Una nueva disparidad que llevará a una consecuencia ya visible en muchos países de Europa. ¿Habrá trabajo para todos? ¿Los que trabajen deberán mantener generaciones de no trabajadores? ¡Un gran reto!. ¡Ese si es el gran resto del s.XXI!. Aunque algunos les sorprenda la política por primera vez debe ser la piedra angular del progreso. No estamos delante de un reto tecnológico sino un reto político. Pero si matamos la tecnología, no dejamos tiempo a la política. A lo tonto el gran dilema del s.XXI. ¿Quien lo resuelve?

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