El Estado mata al empleo

Confieso tenía el artículo del mes finalizado. Mi teoría era sencilla. Hace años la tenía en mente: “el empleo es una especie en extinción”. Habría que replantearse la economía sobre la base que no habrá trabajo para todos en un futuro inmediato. No habrá empleo para todos. Pero peor aún esa situación causará la caída del Estado. No porque la gente se revolucione o algo parecido, sino simplemente porque el Estado tiene como principal fuente de ingreso el trabajo. Sin trabajo no habrá Estado. Y aún más ese mínimo trabajo se pagará. Perdón, a día de hoy eso ya sucede. Podríamos decir ya, sin escandalizarnos, que en algunos países ya estamos pagando por trabajar.

Todo es bastante coherente. Solo pasearse por los números de España, Francia o hasta Alemania lo confirman. Sin apenas levantarme del sofá podía corroborar el cambio experimentando por el trabajo en la sociedad. La recaudación por cotizaciones sociales de algún país de Europa se había triplicado en estos años, a pesar que el número de trabajadores apenas había aumentado. El culpable del desbarajuste el Estado. Un Estado necesitado de ingresos que ha encontrado no ya en las rentas de trabajo sino en las contrataciones del trabajo (las cotizaciones) su principal fuente de ingresos.

Las teorías sencillas fascinan. Articular a partir de la caída del empleo una nueva sociedad era el siguiente objetivo. ¿Cómo puede sobrevivir un Estado sin ingresos?, ¿cómo mantenemos a la ingente cantidad de personas sin trabajo?, ¿debe el Estado mantener su responsabilidad social ante tal panorama?. ¿Es el Estado el responsable último de la situación? Perooo de golpe tengo un flash … y me pregunto ¿pinta algo el Estado, como concepto global, en la eliminación del empleo? ¿Ó es una casuística solo desarrollable en Europa, nuestra Europa milenaria?.

Me puse nervioso. Toda mi teoría de años empieza a no ser tan clara. Ya medio levantado del sofá. Pensé que alguna cosa no acababa de funcionar. Mire algunas estadísticas del Banco Mundial o la Organización Internacional del Trabajo y comprobé que el empleo como concepto global no sólo ha aumentado sino que seguirá aumentado los próximos años. Y aún más importante parece con una tendencia clara, a nivel global, dirigida a la absorción del crecimiento de la población. Vamos la antítesis moderna a la teoría Malthusiana sobre la “extinción de la especie humana por falta de alimentos aplicada al empleo”.

Es decir, primer nuevo concepto “el empleo podríamos decir es como la materia, no se destruye sino simplemente se transforma. En este caso, para ser exactos se redistribuye”. Y el factor fundamental de la redistribución es la actuación de los Estados, la mala praxis de los Estados y sus políticas. A Estados menos intervencionistas, con menos políticas impositivas, mas crecimiento del empleo previsto

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/multimedia/maps-and-charts/WCMS_244260/lang–es/index.htm

Mi teoría del sofá inicial medio redactada borrada de un click. Es una teoría “euro céntrica” valida exclusivamente para países occidentales con una presión del Estado excesiva sobre el empleo. El problema real no es la escasez del empleo en el mundo, sino la huida del empleo de algunas economías como la europea a otras economías menos intervencionistas. Pagar por trabajar es el error moderno de la economía política. Para generar nuevos empleos hay que buscar como generar ingresos al Estado sin obligar al empleo a mantener el Estado.

Y obviamente esto pasa por dos hechos clave. Uno reducir al máximo la estructura de los Estados para poder gestionar los servicios mínimos deseables: educación, sanidad, justicia y defensa. Y dos aumentar de una manera eficiente la atracción de capitales, tanto económicos como humanos, a los Estados como forma de reintegrarlos en nuevas formas de ingresos. Esta segunda línea además tiene una línea complementaria. Atracción de capitales humanos es dicho de otra manera aumentar la base de consumidores de renta media en el mundo donde poder colocar los productos que generan empleo en países mas desarrollados. Sino es así se corre el riesgo, muy elevado, de estabilizar un ciclo de consumo en niveles cada vez más inferiores. En definitiva: extender la pobreza general.

Y hete aquí que las políticas económicas y los Estados vuelven a fallar. Son ciegos que no ven mas allá de sus presupuestos anuales. Hace años se tuvo una oportunidad única de transformar una parte del mundo: la denominada primavera árabe. Era una gran oportunidad de transformar un ingente número de nuevos consumidores en la palanca para las sociedades europeas fundamentalmente. El miedo y la falta de apoyo occidental convirtió aquel momento decisivo para el futuro de la economía en germen organizaciones extremas, casi medievales, como los yihadistas. Libia, Túnez, Siria, Egipto, y podríamos citar todos los países inmersos en aquel movimiento perdieron una oportunidad única de subirse al carro del s.XXI. El tiempo ha permitido conocer ese gran error.

Pero no sólo ellos perdieron su oportunidad. Las economías ciegas de los países de Europa occidental tampoco vieron allí su carro de su empleo y de su futuro. Su falta de decisión política en un mundo global se unió a la falta de una estrategia económica clara. Desde ese momento el empleo seguiría subiendo en el mundo, pero el destino de ese empleo ofrecía poco valor añadido a economías desarrolladas. Nuevos e inmensos mercados fueron bloqueados. Las economía desarrolladas requieren y dependen de una base de consumidores creciente que a día de hoy ya no están previstas.

El Estado mata el empleo tanto por su actuación recaudatoria sin fin, como por su escasa visión de apoyar nuevas regiones con potenciales crecimientos. En un mundo global el empleo se mueve, se redistribuye. Si generamos conflictos en vez de generar nuevas regiones consumidores el valor añadido del empleo tenderá a reducirse. Si aumentamos la capacidad fiscal de los Estados, como forma de supervivencia, acabarán matando el empleo en sus economías. Y sin empleo algunas economías occidentales retrocederán a niveles jamás vistos.

El Estado sin empleo no puede mantener sus estructuras básicas. El empleo sin mercados no puede ofrecer soluciones. Si hay que pagar por trabajar no sólo asesinaremos al empleo, sino a medio plazo al Estado. Uno podría preguntarse ¿y quien es el Estado imbécil que decide suicidarse de tal forma?, Pues la respuesta es fácil pasen por la mayoría de los centros de decisión de la política europea y los podrán saludar. Al final la teoría es tan sencilla como mi primera redacción. Pero una gran diferencia antes podíamos pensar que el problema del empleo era la propia sociedad, ahora podemos decir sin miedo que el que elimina empleo es el Estado. El Estado mata al empleo. Tanto por sus políticas activas como por su propensión a no tomar decisiones inteligentes en un mundo global.

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